TOMO III
LOS RONIN

Los Ronin no son simplemente mercenarios. Son supervivientes moldeados por el colapso del mundo. Hombres y mujeres que encontraron en el caos una razón para organizarse bajo un código inquebrantable. Actúan bajo contrato, pero su verdadera lealtad no es al oro, sino al honor.

El Código Ronin, fundado por Anne Fujimoto, rige cada decisión de la facción. Su palabra es ley. Un contrato aceptado se cumple sin excepción. La hermandad es sagrada. La mejora constante es obligatoria. La protección de lo conquistado es un deber. Y, mientras no estén bajo encargo, su neutralidad es absoluta.

Dentro de la estructura Ronin cada rol cumple una función vital. El Forjador lidera y transmite el conocimiento. Los Preservistas garantizan la medicina y la gestión de la radiación. Los Mecanistas mantienen la tecnología operativa. Los Constructores levantan refugios resistentes. Los Incursores exploran y comercian en territorios hostiles. Los Iniciados, tras superar la prueba de acero, reciben su katana y su lugar en la hermandad.

Durante años, Ciudad Búnker en Knox County fue su centro de operaciones. Sin embargo, la radiación creciente, las hordas de Merodeadores y la presión constante de los Carroñeros hicieron insostenible su permanencia. Una gran incursión dejó la zona al borde del colapso.

Fieles a su lema —“Reclamamos lo perdido, protegemos lo ganado”— los Ronin emprendieron una migración hacia el noreste bajo el liderazgo de Robert Bledskia. Tras semanas de viaje alcanzaron la costa de Virginia, cerca de la Bahía de Chesapeake, donde los bosques costeros y las rutas marítimas ofrecían nuevas oportunidades.

Allí fundaron Fuerte Anne, un asentamiento fortificado construido sobre los restos de una antigua base de supervivientes. Desde este nuevo enclave, los Ronin patrullan, comercian y mantienen su neutralidad estratégica mientras observan el nacimiento de nuevas comunidades en BadlandZ.

El mar abre una posibilidad inédita: expediciones hacia islas aún inexploradas, rumores de reliquias del viejo mundo y rutas comerciales más allá del horizonte. Para los Ronin, el apocalipsis no es el final, sino el escenario donde forjar su legado.

En BadlandZ, lo único con lo que un Ronin no comercia es su honor